Hay promesas que parecen tardar demasiado.
Oraciones que llevás años haciendo.
Sueños que aún no se cumplen.
Y momentos en los que el corazón comienza a preguntarse si Dios realmente escuchó.
Pero Dios nunca hace una promesa que no tenga intención de cumplir.
Su tiempo no siempre coincide con el nuestro.
Mientras nosotros contamos los días, Él prepara cada detalle.
Mientras nosotros vemos demora, Él está construyendo el momento perfecto.
No pierdas la fe solo porque todavía no ves el resultado.
Las promesas de Dios no dependen de las circunstancias.
Dependen de Su fidelidad.
Y Él jamás deja de ser fiel.
Tal vez hoy estés atravesando una temporada de espera.
No la vivas con desesperación.
Vivila con confianza.
Porque Dios sigue obrando, incluso cuando no podés verlo.
Cada paso que das con fe te acerca más a aquello que Él preparó para vos.
Seguí creyendo.
Seguí orando.
Seguí caminando.
Porque cuando Dios cumple Sus promesas, entendés que cada espera tuvo un propósito y que Su plan siempre fue mejor que el tuyo.
Nunca olvides que Dios no rompe Sus promesas.
Él las cumple en el momento exacto y de la manera perfecta.
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.” — Hebreos 10:23